28 marzo, 2014

La carretera infinita de Neil Young



Fernando Díaz de Quijano publica hoy en El Cultural  el artículo reproducido a continuación con motivo de la publicación de las memorias:

Acomódense en el Lincvolt, suban el volumen del sistema PureTone y abróchense los cinturones. Comienza un tranquilo y errático viaje por la vida de Neil Young (Ontario, Canadá, 1945). Hay muchas curvas, desvíos y rodeos en las 400 páginas de El sueño de un Hippie, las memorias de este tótem del folk rock que ven la luz en español de la mano de la editorial Malpaso.

Aparte de la música, sus grandes pasiones son los trenes eléctricos y el coleccionismo de coches clásicos. Neil Young es un niño grande y, quizá por eso, como si correteara aún por el jardín de la casa en la que creció, en el pueblecito de Omemee, viene y va en el tiempo y en el espacio, retoma anécdotas y reflexiones sin ninguna hoja de ruta en un libro escrito con una honesta ausencia de pretensiones literarias. Es capaz de pasar de puntillas por algunos episodios importantes de su vida, a la vez que redunda en otros puramente anecdóticos. Él mismo lo reconoce: “Los libros me permiten divagar, algo que me gusta particularmente”. Y parece haberle cogido el gusto a escribir: “Empiezo a darme cuenta de que podría pasarme el resto de la vida escribiendo libros como churros que sólo leerían catorce personas con Kindle. Ahora bien, en verdad os digo que es una buena forma de ganarse la vida. No me extraña que mi padre lo hiciese. No hay que tocar en directo, lo cual me encanta, siempre y cuando no sea una obligación, y escribir podría ser la solución perfecta para disfrutar de una vida más relajada y con menos presiones y pasar más tiempo con mi familia y amigos... y practicando el surf a remo”. El oficio, por cierto, le viene de familia: su padre, Scott Young, fue un conocido escritor y periodista canadiense.

Young comenzó su andadura musical en Canadá a principios de los 60, con las bandas The Squires y The Mynah Birds. Pero en 1966 lanzó su órdago.California era una gran comuna artística, un desmadre hippie cuando Young se coló ilegalmente en Estados Unidos, decidido a emprender su carrera musical hacia el estrellato.

Su extensa y variada carrera musical da para muchas páginas, por supuesto, tanto en solitario como con Buffalo Springfield, la banda con la que conoció el éxito por primera vez, o cuando sumó su Y a CSN, el grupo formado por David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash. La lista de amigos y compañeros musicales -ambas categorías se funden casi siempre- que desfilan por sus memorias es larguísima. Entre los más importantes están Stephen Stills, con quien fundó Buffalo Springfield, el productor David Briggs, su representante Elliot Roberts o el músico, compositor y productor Ben Keith, que colaboró con Young desde el mítico Harvest (1972), su amigo Larry Johnson, el productor musical y audiovisual con el que colaboró en sus incursiones cinematográficas... Muchos no están ya, y es al recordar sus correrías junto a ellos donde la pluma de Young adquiere un tono más crepuscular: “Mientras pienso en la suerte que tuve de conocer a esos músicos, los echo de menos. Ojalá todavía estuviéramos juntos”.

La vida de Young no ha sido fácil, sobre todo en cuestiones de salud. Ha tenido la polio, ataques de epilepsia y un aneurisma, y a punto estuvo de morir desangrado en las calles de Nueva York al saltársele los puntos tras una operación. Además tiene dos hijos con parálisis cerebral, Zeke y Ben Young, nacidos de madres distintas. Young trata todos estos temas en el libro, pero afronta estas cuestas pronunciadas -por seguir con el símil del road trip- sin dramatismo, como si fueran suaves pendientes a bordo de su amado Cadillac descapotable de 1959 o cualquier otra joya de su amplia colección de autos.

El Quijote de Omemee

Young siempre ha estado obsesionado con la calidad de las grabaciones de su música y dedica muchos pasajes a los aspectos técnicos de la producción musical, declarando su amor por las antiguos sistemas de válvulas como la Green Board. De hecho, buena parte del libro se dedica a cantar las excelencias de PureTone, un sistema de reproducción de audio que viene desarrollando desde hace unos años y que, asegura, devolverá a la música en formato digital la calidad que le arrebataron los CDs y, sobre todo, el MP3. “En cierto modo, el predominio de Internet tiene a las casas discográficas como rehenes, pero dado que las discográficas todavía tienen la joya más preciada, las grabaciones originales de alta calidad, ha llegado el momento de que den el paso y se hagan con las riendas de su propio destino”. Precisamente, hace unos días Young puso su reproductor a la venta por 400 dólares (287 euros), rebautizado como Pono porque el nombre PureTone ya estaba registrado.

A lo largo del libro, vuelve sobre el tema una decena de veces para insistir en las bondades de su invento, con una mezcla de genuino entusiasmo y afán comercial: “Y ahora, otro mensaje de nuestro patrocinador, PureTone”, bromea en uno de sus injertos publicitarios, y en alguno de ellos llega a comparar su soñada revolución sonora con la primavera árabe.

Ecologista acérrimo, otro de sus desvelos es la creación de un coche híbrido de lujo a americana. “En Estados Unidos todo es grande. La gente recorre miles de kilómetros. Las carreteras son largas y hermosas. El paisaje es divino. Usar un coche grande para un proyecto eléctrico evoca el espíritu errante de Norteamérica y llama la atención sobre la causa”. Así nació Lincvolt, un Lincoln Continental de 1959 reconvertido para que sea más sostenible energéticamente. “Es suave como la seda, silencioso y recorre unos 65 kilómetros con una carga (la distancia media para ir al trabajo) y cuenta con kilometraje ilimitado sin necesidad de detenerse a repostar gracias al generador a base de etanol, lo cual ha sido posible tras varios años de experimentación y fracasos”. Entre esos fracasos, el más sonado fue el “error humano” que incineró el prototipo hace unos años, tras lo cual hubo que empezar de cero. De momento, su comercialización parece lejana, cuando no utópica.

Estos dos proyectos dan buena cuenta de la tozudez del músico para hacer realidad sus proyectos una vez que su olfato le ha indicado el camino a seguir, aunque aún esté por desbrozar. Esta máxima la ha aplicado a su carrera musical y, cuando no lo ha hecho, ha acabado arrepintiéndose. Por ejemplo, cuando fichó por Geffen Records, la discográfica le instó a que uniera dos discos en uno -Island in the Sun y Trans-, porque por separado no le convencían, de modo que el resultado fue un álbum conceptualmente incoherente. “No fui fiel a mis principios artísticos ni hice caso a la musa”, reconoce Young.

A estas alturas, lo que quiere Young es volver a tocar con los Crazy Horse, la banda con la que más ha colaborado en las últimas décadas. Quiere volver a emocionarse componiendo, tocando y grabando, aunque dice haber perdido el favor de “la musa” desde que dejó la bebida y la marihuana. Pero no pierde la paciencia y se entusiasma con su próximo plan: “Tocar y tocar y dejar que la musa reaparezca. Con tacto. Sin buscar. Sin trabajar. Sin intentar. Dejar que el espíritu vuelva a entrar sin ser avariciosos. Estar preparados”.