04 agosto, 2021

Neil Young: que siga mucho tiempo en la brecha (Sean Murphy, 2013)

Desde bullmurph.com.

Neil Young:
Long May
He Run

Neil Young:
que siga mucho tiempo
en la brecha


Mientras Neil toca,
cierra la boca.

April 7, 2013 by Sean Murphy.


7 de abril de 2013, por Sean Murphy.


It’s better to burn out than to fade away.

When Neil Young sang that immortal line, he was 33 years old.

That was 35 years ago.

Neil Young is still making music.

More, Neil Young is still making music that moves and inspires fans spanning multiple generations.

Es mejor quemarse que desvanecerse.

Cuando Neil Young cantó esa frase inmortal, tenía 33 años.

Eso fue hace 35 años.

Neil Young sigue haciendo música.

Es más, Neil Young sigue haciendo música que conmueve e inspira a fans de varias generaciones.


More still, Neil Young might be the only musician past retirement age who is capable of creating brand new fans.

That last statement, upon reflection, is unbelievable and quite possibly miraculous in a way.

Más aún, Neil Young podría ser el único músico que, pasada la edad de jubilación, es capaz de crear nuevos fans.

Esta última afirmación, al leerla, resulta increíble y posiblemente milagrosa en cierto modo.

Upon further reflection, it is also inevitable. Neil Young does not do retirement, and fortunately for him, he picked the type of career that makes not retiring a possibility. That he is reaching audiences new and old is almost beside the point. Young, as anyone who knows anything about him can confirm, has never cared too much about what anyone else thinks about what he does. That makes him, at times, inscrutable and frustrating. Most of all, it is what makes him a genuine iconoclast, and one of the most important –and rewarding– artists of the last half-century.

Si lo pensamos bien, también es inevitable. Neil Young no se jubila y, afortunadamente para él, eligió el tipo de actividad que le permite no retirarse. El hecho de que llegue a públicos nuevos y antiguos es casi irrelevante. Young, como puede confirmar cualquiera que sepa algo de él, nunca se ha preocupado demasiado por lo que los demás piensen de lo que hace. Eso le hace, a veces, inescrutable y frustrante. Pero, sobre todo, es lo que le convierte en un auténtico iconoclasta y en uno de los artistas más importantes -y gratificantes- del último medio siglo.

Young, after all this time, is consistently inconsistent and entirely capable of being surprising.

An example: I could not believe how great Freedom was when it dropped in autumn 1989.

Young, después de todo este tiempo, es consistentemente inconsistente y absolutamente capaz de ser sorprendente.

Un ejemplo: no me podía creer lo bueno que era Freedom cuando salió en otoño de 1989.
Crazy as it may sound over twenty years (and about 300 albums) later, by the end of the ’80s a lot of people had given up Neil for dead — creatively and commercially, if not literally. Some may recall that Young was actually sued by David Geffen for making “unrepresentative” music. This incident serves to reinforce what an insane (and at times soulless) decade the ’80s were, what swines record label executives are, and how intractable Young has always been. He has made a career out of being crazy like a fox: almost every time he seems congenitally impelled to derail his own success, he winds up looking like he merely creates crises in order to pull another Lazarus act.
Aunque pueda parecer descabellado, unos 20 años (y unos 300 discos) después, a finales de los 80 mucha gente había dado a Neil por muerto, creativa y comercialmente, si no literalmente. Algunos recordarán que Young fue demandado por David Geffen por hacer música "poco representativa". Este incidente sirve para reforzar lo insensata (y a veces desalmada) que fue la década de los 80, lo canallas que son los ejecutivos de las discográficas y lo intratable que siempre ha sido Young. Ha tenido una trayectoria de estar como una cabra: casi siempre que parece congénitamente impulsado a descarrilar su propio éxito, acaba viéndose como si simplemente creara crisis para hacer otra representación de Lázaro.

All of which is to say Freedom was like Kirk Gibson’s home run off of Dennis Eckersley the year before: utterly unexpected, miraculous and instantly indelible. It’s impossible to overstate how shocking it was not only to hear Neil Young back from the Oz of his own making, but the sheer quality of the work.

Todo ello para decir que Freedom fue como el jonrón de Kirk Gibson contra Dennis Eckersley el año anterior: totalmente inesperado, milagroso e increíblemente inolvidable. Es imposible exagerar lo impactante que fue no sólo escuchar a Neil Young de vuelta desde el Oz de su propia creación, sino la pura calidad del trabajo.

He reunited with Crazy Horse, his favorite band with whom he’s made some of his best music, for 1991’s Ragged Glory and while the entire album had uneven moments, its glorious sum far exceeded its unpolished aspects. In particular, two longer workouts, “Love to Burn” and “Love and Only Love” were instant classics, scorching ten minute epics with so much feedback and fury they practically dared –or at least willed– the grunge movement into being.

Se reunió con Crazy Horse, su banda favorita con la que ha hecho parte de su mejor música, para Ragged Glory, de 1991, y aunque todo el álbum tenía momentos desiguales, su gloriosa suma superaba con creces sus aspectos poco pulidos. En particular, los dos trabajos más largos, Love to Burn y Love and Only Love, fueron clásicos instantáneos, épicas abrasadoras de diez minutos con tanta retroalimentación y furia que prácticamente propiciaron -o por lo menos hicieron nacer- el movimiento grunge.

For me, it’s been an up and down ride ever since, with more bummers than stunners. (I am seemingly among the few who feels Harvest Moon was a tepid, mostly uninspired snoozefest, while the subsequent Sleeps With Angels is a minor masterpiece.) One of the more powerful and memorable tracks from Sleeps With Angels is the fourteen minute-plus “Change Your Mind”: it felt, at the time, and has seemed, ever since, like Young’s last epic, his final extended statement, a slow burn of repetition and resolve.

En mi opinión, ha sido un viaje de altibajos desde entonces, con más descalabros que maravillas. (Parece que me encuentro entre los pocos que piensan que Harvest Moon fue una poco reparadora siesta mientras que el posterior Sleeps With Angels es una pequeña obra maestra). Uno de los temas más potentes y memorables de Sleeps With Angels es Change Your Mind, que dura más de catorce minutos: en su momento, y desde entonces, se consideró como la última epopeya de Young, su declaración extendida final con repetición y determinación a fuego lento.

Later, when the legendarily unreleased “Ordinary People” saw the light of day (on 2007’s Chrome Dreams II) it was a revelation, but since it was recorded during the Freedom sessions, it could not be considered a return to form or a new landmark in the literal sense. It was sufficient that it was finally available.

Más tarde, cuando la legendaria e inédita Ordinary People vio la luz (en Chrome Dreams II, de 2007) fue una revelación, pero como se había grabado durante las sesiones de Freedom, no podía considerarse una vuelta a la forma o un nuevo hito en el sentido literal. Bastaba con que por fin estuviera disponible.

It was hard to deny that Young was finding a third (fourth? fifth?) wind in recent years with the back-to-back successes (critically, commercially) of Le Noise and Americana. The fact that the two, released less than two years apart, sound so radically different is a testament to Young’s versatility. Or perversity. Or recalcitrance. Or integrity. Or all of the above, and more. While most of his balding, pre-and-post Woodstock-era compatriots were competing to see who could release another redundant greatest hits collection or milk another reunion tour, Neil continued to walk the proverbial walk that old fashioned way, putting one foot in front of the other. If he no longer hit the highs he could routinely reach in younger years, he had as much restless energy, productivity and purpose as any of his peers, and most of his protégés.

Era difícil negar que Young estaba encontrando un tercer (¿cuarto? ¿quinto?) filón en los últimos años con los éxitos consecutivos (de crítica y comerciales) de Le Noise y Americana. El hecho de que ambos, publicados con menos de dos años de diferencia, suenen tan radicalmente diferentes es un testimonio de la versatilidad de Young. O de la perversidad. O de la recalcitrancia. O integridad. O todo lo anterior, y más. Mientras la mayoría de sus calvos compatriotas de la era pre y post Woodstock competían por ver quién podía publicar otra redundante colección de grandes éxitos o exprimir otra gira de reunión, Neil seguía caminando a la antigua usanza, poniendo un pie delante del otro. Aunque ya no alcanzaba los máximos niveles que podía alcanzar de forma rutinaria en sus años de juventud, tenía tanta energía inquieta, productividad y propósito como cualquiera de sus compañeros y la mayoría de sus protegidos.

Which brings us to the here and now: on October 30, 2012 Young dropped his thirty-fifth studio album, Psychedelic Pill.

Y así llegamos al aquí y ahora: el 30 de octubre de 2012 Young editaba su trigésimo quinto álbum de estudio, Psychedelic Pill.

I’m not prepared to call it a masterpiece. Or a return to form (whatever that actually means, anyway, particularly with Young: as awe-inspiring as On The Beach was, it did not sound much like anything Neil had done before; it did not invoke Harvest or Everybody Knows This Is Nowhere and that was the whole point). What I am prepared to do is declare it important, engaging and an album I know I will be listening to more than many others (by him, by others). That is enough; it is more than enough.

No me atrevo a decir que sea una obra maestra. O un retorno a la esencia (sea lo que sea que eso signifique, sobre todo con Young: por muy impresionante que fuera On The Beach, no sonaba a nada que Neil hubiera hecho antes; no evocaba Harvest o Everybody Knows This Is Nowhere y eso era lo importante). Lo que sí estoy dispuesto a hacer es declararlo importante, atractivo y un álbum que sé que voy a escuchar más que muchos otros (de él, de otros). Eso es suficiente; es más que suficiente.

The highlight and centerpiece of his latest work is “Driftin’ Back”, which opens the proceedings and clocks in at 27:36. As in, twenty-seven minutes, thirty-six seconds. Stop and consider that this is only ten minutes shorter than the entirety of 1975’s Zuma. Of course, Young is reunited with Crazy Horse, and when Neil reunites with Crazy Horse long songs tend to ensue. But how could anyone have guessed, or reasonably hoped for something this strong? It starts off slow, acoustic guitar almost lulling you to sleep, or at least into a false sense of security: Oh, it’s the older, wiser and gentler Neil, reminiscing and doing the grizzled old veteran thing. And then with an intentionally dream-like, distorted echo of the line “I’m driftin’ back” you realize he is about to take you on a trip (literally, figuratively, whatever): the band plugs in and away they go. First reaction: hearing Young energized reminds us how wonderful it is that he can reconnect with Crazy Horse, and how liberated and unrestrained they make him feel. After more than four decades (!) Young fronting Crazy Horse –the all-time best garage band– is like the rest of us drawing breath: it’s instinct and you never forget how to do it.

El tema más destacado y fundamental de su último trabajo es Driftin' Back, que abre el disco y dura 27:36. Es decir, veintisiete minutos y treinta y seis segundos. Piénsese que esto es sólo diez minutos menos que la totalidad de Zuma de 1975. Por supuesto, Young se ha reunido con Crazy Horse, y cuando Neil se reúne con Crazy Horse suelen aparecer canciones largas. Pero, ¿cómo podría alguien haber adivinado o esperado razonablemente algo tan contundente? Comienza lentamente, con una guitarra acústica que casi te adormece, o al menos te da una falsa sensación de seguridad: Oh, es el Neil más viejo, más sabio y más tranquilo, recordando y haciendo el papel de viejo veterano canoso. Y entonces, con el eco intencionadamente onírico y distorsionado de la línea "I'm driftin' back", te das cuenta de que está a punto de llevarte de viaje (literalmente, figuradamente, lo que sea): la banda se enchufa y se lanzan. Primera reacción: escuchar a Young con energía nos recuerda lo maravilloso que es que pueda volver a conectar con Crazy Horse, y lo liberado y desenfrenado que le hacen sentir. Después de más de cuatro décadas (¡ahí es nada!) Young al frente de Crazy Horse -la mejor banda de garaje de todos los tiempos- es como al resto de nosotros el respirar: es un instinto y nunca se olvida cómo hacerlo.

“Driftin’ Back” is a jam that never noodles; it’s obviously an improvised piece that maintains focus and purpose. Above all, at over twenty-seven minutes, it does not come close to running out of steam. Is it even possible to say the song is…too short? It is. At least for this listener. The song could have chugged along for another 600 ticks and I could care less. It is definitely the best thing Young has done since 1994 (and might be the best song since “Love to Burn”, which was almost a quarter-century ago). If Young had once been inclined, or tempted to say either/or to the burn out/fade away options, he is now declaring neither/nor.

Driftin' Back es una improvisación que nunca decae; es obviamente una pieza improvisada que mantiene el enfoque y el propósito. Sobre todo, con más de veintisiete minutos, no parece agotarse. ¿Es posible decir que la canción es... demasiado corta? Lo es. Al menos para este oyente. La canción podría haber durado otros 600 segundos y no me importaría. Es, sin duda, lo mejor que ha hecho Young desde 1994 (y podría ser la mejor canción desde Love to Burn, que fue hace casi un cuarto de siglo). Si alguna vez Young se sintió inclinado, o tentado, a elegir entre las opciones de quemarse/desvanecerse ahora declara que ninguna de las dos.

Listen:

Escuchad (en bucle):

Neil Young & Crazy Horse: Driftin' Back

The music speaks for itself, and if it doesn’t speak to you, it’s likely you’ve never dug Neil Young, or at least Neil Young with Crazy Horse. (What’s the matter with you?)

La música habla por sí misma, y si no te convence es probable que nunca te haya gustado Neil Young, o al menos Neil Young con Crazy Horse. (¿Te pasa algo?)

You listen to the lyrics and...well, Neil has always picked his spots and at times been a keen eyewitness to life and illustrated, in bursts and spurts, an enviable ability to document them in writing. The rest of the time, let’s say his lyrics tend to be overshadowed by his voice and his guitar playing. But Neil is usually after feeling, anyway. All rock musicians are, ultimately, about feeling, or at least they should be. With Neil it’s as much a destination as a function of his limitations, which he seems to acknowledge if not embrace. It usually works in that pre-punk ethos where spontaneity, honesty and unguarded expression count for more than cleverness or even proficiency.

Al escuchar las letras... bueno, Neil siempre ha escogido sus puntos de vista y a veces ha sido un perspicaz testigo de la vida y ha demostrado, a grandes rasgos, una envidiable capacidad para ponerlos por escrito. El resto de las veces, digamos que sus letras tienden a quedar eclipsadas por su voz y su forma de tocar la guitarra. En cualquier caso, Neil suele buscar el sentimiento. Todos los artistas de rock buscan, en última instancia, el sentimiento, o al menos deberían hacerlo. En el caso de Neil, se trata más de un objetivo que de una consecuencia de sus limitaciones, que él parece reconocer, si no aceptar. Suele trabajar en esa ética prepunk en la que la espontaneidad, la honestidad y la expresión sin complejos cuentan más que la inteligencia o incluso la destreza.

So yeah, the lyrics. As is so often the case you listen and find yourself wishing he employed an editor, or was able to restrain himself. (We writers know the rules: don’t write it once when it can be written a dozen times, and then let it sit, ignored, until it can be returned to with fresh eyes. In other words, an approach that is advisable for prose and often anathema for rock and roll.) You listen to all these songs, spilling into, around and over one another and can’t help, at times, thinking: if only Neil would –or could– keep his powder a bit more dry and wait until he had stronger material suitable for a more solid release, even if it resulted in fewer but more consistent albums. And then, hopefully, you realize (yet again): that’s not his job, that’s our job, to sift through the ever-expanding hay bail and find those needles while discarding the damage done.

Ah, sí, las letras. Como ocurre a menudo, uno escucha y se encuentra deseando que tenga un editor, o que sea capaz de contenerse. (Los escritores conocemos las reglas: no lo escribas una vez cuando puede escribirse una docena de veces, y luego déjalo reposar, olvidado, hasta que se pueda volver a él con ojos nuevos. Es decir, un enfoque aconsejable para la prosa y a menudo anatema para el rock and roll). Escuchas todas estas canciones, que se funden, envuelven y superponen unas a otras, y no puedes evitar, a veces, pensar: si Neil se guardara -o se pudiera guardar- la paja un poco más y esperara a tener un material más fuerte y apto para un lanzamiento más sólido, aunque eso diera lugar a menos álbumes pero más consistentes. Y entonces, con suerte, caes en la cuenta (una vez más): ese no es su trabajo, es el nuestro; el cribar en la siempre creciente bolsa de heno para encontrar las agujas mientras descartas el daño hecho.

And let’s face it, even before the Geffen years Young left a lot of filler in the ditch. He is not an OCD singles hitter, he is a slugger in batting practice, needing to hit his share of foul balls, line drive outs and pop flies in order to work up a sweat and get into a groove before he starts uncorking four-hundred foot bombs. Or else he is the painter who has to spray colors all over the canvas and it’s only once the white slate has turned into a kaleidoscope, which looks like a disjointed prism to anyone on the outside looking in, that he makes shapes and sense out of the mess, converting it into a cohesive whole. Consider a less than perfect album like Tonight’s The Night, which is perfect because of its imperfections. Indeed, it may be not merely the most perfect imperfect album (more so than, say, Exile on Main Street or London Calling or even The White Album), it is arguably the first –and best– record to make a kind of art out of purposeful imperfection. How else to explain a near spontaneous, sui generis treasure like “Tired Eyes” (or “Mellow My Mind” or “Albuquerque”)? It’s messy, awkward, occasionally embarrassing but always unashamed (and therefore brave); it’s a lot like the subconscious playing out in real time, being recorded.

Y seamos realistas, incluso antes de los años de Geffen, Young dejó un montón de morralla en el arcén. Él no es un bateador de sencillos con TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), él es un bateador avezado que necesita golpear su parte de bolas fuera de la zona legal del juego (foul ball), en línea recta (line drive) o parabólicas (pop fly) con el fin de sudar y entrar en calor antes de empezar a lanzar bolas de cuatrocientos pies. O bien es el pintor que tiene que esparcir los colores por todo el lienzo y sólo una vez que la superficie blanca se ha convertido en un caleidoscopio, que parece un prisma inconexo para cualquiera que lo vea desde fuera, da forma y sentido al desorden, convirtiéndolo en un todo cohesivo. Pensemos en un álbum menos que perfecto como Tonight's The Night, que es perfecto por sus imperfecciones. De hecho, puede que no sólo sea el álbum imperfecto más perfecto (más que, por ejemplo, Exile on Main Street o London Calling o incluso The White Album), sino que podría decirse que es el primer -y mejor- disco que hace una especie de arte de la imperfección intencionada. ¿Cómo explicar si no un tesoro casi espontáneo y suigéneris como Tired Eyes (o Mellow My Mind o Albuquerque)? Es desordenado, incómodo, ocasionalmente desconcertante, pero siempre desprovisto de complejos (y, por tanto, valiente); se parece mucho al subconsciente tocando en tiempo real y siendo grabado.

Or how about this: Neil Young’s catalog could be considered an extended series of dreams that actually got remembered and written down. Only they are someone else’s dreams, and you pick through them to see what registers and what you remember. See what makes sense. And two things eventually occur: it’s inexorably the things that don’t register (immediately or ever) that surprise, then stick with you, and over time you make them part of you. Then, after a while, you realize he was talking about you all along. This is what art is. This is what art does.

O qué tal esto: El catálogo de Neil Young podría considerarse una larga serie de sueños que han sido recordados y descritos. Sólo que son los sueños de otra persona, y tú los revisas para ver lo que se te queda grabado y lo que recuerdas, para ver lo que tiene sentido. Y al final ocurren dos cosas: inevitablemente, las cosas que no se perciben (inmediatamente o nunca) son las que te sorprenden, se te quedan grabadas y, con el tiempo, las conviertes en parte de ti. Entonces, después de un tiempo, te das cuenta de que estaba hablando de ti todo el tiempo. Esto es el arte. En esto consiste el arte.

So Neil keeps going. He has to get it all out. We can a learn a lot from this, whether or not we have a creative bone in our individual bodies. It’s a model for art, but it’s also a recipe for life. Young’s music is ceaselessly autobiographical not because he writes about himself so much as he is a part of everything he composes: it can be messy and it can be confounding but it is seldom safe and it’s rarely calculated. It might be difficult to deny that he has emphasized quantity above quality, but who can –or should– say which songs satisfy? That is the ragged glory of his life’s work, one that is very much still in progress. The fact that he is demonstrably far from done validates why he is still making music. Because he can. Because he has to.

Así que Neil sigue adelante. Tiene que sacarlo todo. Podemos aprender mucho de esto, tengamos o no una vena creativa en nuestro cuerpo. Es un modelo de arte, pero también es una receta para la vida. La música de Young es incesantemente autobiográfica, no porque escriba sobre sí mismo, sino porque forma parte de todo lo que compone: puede ser desordenada y puede ser confusa, pero pocas veces es inocua y rara vez es calculada. Podría ser difícil negar que ha puesto el acento en la cantidad por encima de la calidad, pero ¿quién puede -o debería- decir qué canciones son las que cumplen? Esa es la gloria desgarrada de la obra de su vida, una obra que todavía está en proceso. El hecho de que se demuestre que está lejos de haber terminado valora el hecho de que siga haciendo música. Porque puede. Porque tiene que hacerlo.

2 comentarios:

ivaxavi dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ivaxavi dijo...

Tremendo trabajo, Tasio. Lo tenía en la lista para leerlo detenidamente. Brutal.
Gracias!
Ah! Y long May you run!