26 agosto, 2021

A las puertas de mi Graceland, por Robert Broadfoot

Desde NYA Times-Contrarian.

At the Gates
of My Graceland,
by Robert Broadfoot

A las puertas
de mi Graceland,
por Robert Broadfoot


Standing at the gates of Graceland is a homage, a kind of pilgrimage. But my friend Nick and I weren’t on our way to Memphis. We were on our way to our personal Graceland, a ranch in the hills above Redwood, California. It was the summer of 2015, and on the flight to LA, eight miles high over the endless emptiness of Northern Canada, a lyric of Paul Simon’s kept going through my head:
10 de agosto de 2021.

Estar a las puertas de Graceland es un culto, una especie de peregrinación. Pero mi amigo Nick y yo no íbamos a Memphis. Nos dirigíamos a nuestro Graceland particular, un rancho en las colinas de Redwood, California. Era el verano de 2015, y en el vuelo a Los Ángeles, a ocho millas de altura sobre el interminable vacío del norte de Canadá, la letra de Paul Simon no dejaba de sonar en mi cabeza:

I’m going to Graceland
For reasons I cannot explain
There’s some part of me
wants to see Graceland

Voy a Graceland.
Por razones que no puedo explicar,
hay una parte de mí
que quiere ver Graceland.

It was the first day of another Kings of Oblivion ‘Tour’. The Kings of Oblivion is not a band, though we did have a short-lived acoustic band in the late 1970s called Scampi and The French Fries. But that band never made it beyond a basement bar nestled between strip clubs and sex shops of London’s Soho. No, the Kings of Oblivion -- Nick Russell, Chris Morris, and me -- go back to the early 1970s and the green, green pastures of Cambridge University. Three since-separated but inseparable friends from college who still get together sporadically in different locations to talk about and listen to old music and just do stuff. The name comes from The Bewlay Brothers, a Bowie song.

Era el primer día de otra "gira" de los Kings of Oblivion. Kings of Oblivion no es un grupo, aunque a finales de los años setenta tuvimos un grupo acústico de corta vida llamado Scampi and The French Fries. Pero esa formación nunca llegó más allá de un bar en un sótano enclavado entre clubes de estriptis y sex shops del Soho londinense. No, los Kings of Oblivion -Nick Russell (nota: en la foto de cabecera, junto a Robert), Chris Morris y yo- se remontan a principios de los años 70 y a los verdes prados de la Universidad de Cambridge. Tres amigos de la universidad, desde entonces separados pero inseparables, que todavía se reúnen esporádicamente donde encarte para hablar y escuchar música de antaño y, de paso, hacer algo. El nombre viene de The Bewlay Brothers, una canción de Bowie.

In the early 1970s there was a lot more to the Kings of Oblivion than just talking music. As Bowie writes in the song: “We were so turned on, in the mind warp pavilion.” We tried feebly to emulate Rimbaud’s systematic derangement of the senses. We climbed over the college walls at 5 o’clock one sharp winter morning and walked the frosted fields of Grantchester Meadows to recite poetry as the sun came up. We dressed up in drag -- our hair was long enough already -- to crash a party at one of the girls’ colleges (incredible as it may seem, Cambridge’s colleges were unisex at that time). We dropped acid lying in the astringent evening grass under a starry starry sky just as Skylab re-entered the earth’s atmosphere, and we (at least we thought) heard a clearly audible whoosh accompanied by the dislocated braying of a very real donkey which, for reasons unclear to us at the time, had found a new home right in the middle of urban Cambridge.

A principios de los años 70, los Kings of Oblivion hacían mucho más que hablar de música. Como escribe Bowie en la canción: "Éramos unos volados en el pabellón de la disformidad mental". Intentamos débilmente emular el trastorno sistemático de los sentidos de Rimbaud. Trepamos por los muros de la universidad a las 5 de la madrugada de un crudo invierno y caminamos por los campos escarchados de Grantchester Meadows recitando poesía mientras salía el sol. Nos disfrazamos de travesti -ya teníamos el pelo bastante largo- para colarnos en una fiesta en uno de los colegios mayores de chicas (por increíble que parezca, los colegios mayores de Cambridge eran unisex en aquella época). Tomamos un ácido tumbados en la astringente hierba del anochecer bajo un cielo estrellado justo cuando el Skylab volvía a entrar en la atmósfera terrestre, y oímos (al menos eso creímos) un silbido claramente audible acompañado del rebuzno dislocado de un burro muy real que, por razones que entonces no teníamos claras, había encontrado un nuevo hogar en pleno centro urbano de Cambridge.

Now the Kings of Oblivion, all three of us, greyer, battered by divorce, and in my case by cancer survived, haggard but not yet beaten, were back again on the well-trodden road of life, all having been saved by new loves. On this trip, Nick and I were on our way to sunny California to cleanse ourselves in the cool, clear water before paying our respects at the gates of our personal Graceland. Chris was due to join us in LA in a few days, as soon as term finished at the London school where he was teaching teenagers to be better people and to love better music than the shit they secretly listened to on their phones in class.

Henos ahora los Kings of Oblivion, los tres, canosos, maltratados por el divorcio, y en mi caso por el cáncer sobrevivido, ojerosos pero aún no vencidos, volvíamos a recorrer el trillado camino de la vida, todos salvados por nuevos amores. En este viaje, Nick y yo nos dirigíamos a la soleada California para purificarnos en el agua fresca y cristalina antes de presentar nuestros respetos a las puertas de nuestro Graceland particular. Chris debía reunirse con nosotros en Los Ángeles en unos días, tan pronto como terminara el curso en la escuela londinense donde enseñaba a los adolescentes a ser mejores personas y apreciar una música mejor que la basura que escuchaban a escondidas en sus teléfonos en clase.

In Paul Simon’s words then, some part of us wanted to see our own Graceland. However, Nick and I wanted the trail to its wooden gates in the California hills to follow Neil’s own trail, the path he himself took around the time the Kings of Oblivion came into being. That’s why we wanted to revisit Neil’s 1966 first. Chris was OK to miss that part. Chris is not a Rustie. He has excellent taste in music, and he digs Neil in a big way, but he is not fanatic like Nick and I am. Back at school in London, Chris and I had been members of the West Coast Appreciation Society, an unlikely club of English public schoolboys, trying desperately to be hippies, but having to wear school uniform during the week. At 15 years old we idolized the Great Society, Love, the Airplane, the Dead, the Doors, early Byrds, Quicksilver, and Buffalo Springfield, and bought US vinyl imports by the dozen with that wonderful matt cover art, the sleeves much thicker than the UK releases. Plus, we hated anything and everything to do with Led Zeppelin, Deep Purple and the rest of those unsophisticated late 60’s heavyish UK rock bands. For us they were no competition.

Al igual que en la letra de Paul Simon, una parte de nosotros quería ver nuestro Graceland particular. Sin embargo, Nick y yo queríamos que el camino hacia sus puertas de madera en las colinas de California siguiera la propia senda de Neil, el camino que él mismo recorrió en la época en que surgieron los Kings of Oblivion. Por eso queríamos volver a visitar primero el 1966 de Neil. A Chris ya le pareció bien perderse esa parte. Chris no es un Rustie. Tiene un excelente gusto musical y le gusta mucho Neil, pero no es un fan como lo somos Nick y yo. Volviendo al mundo escolar londinense, Chris y yo habíamos sido miembros de la West Coast Appreciation Society, un insólito club de alumnos de colegios públicos ingleses que intentaban desesperadamente ser jipis, pero que tenían que llevar el uniforme escolar durante la semana. A los 15 años idolatrábamos a la Great Society, Love, los Airplane, los Dead, los Doors, los primeros Byrds, Quicksilver y Buffalo Springfield, y comprábamos por docenas los vinilos importados de EE.UU. con ese maravilloso diseño mate de las portadas y las fundas mucho más gruesas que las ediciones británicas. Además, odiábamos todo lo que tuviera que ver con Led Zeppelin, Deep Purple y el resto de esas incipientes bandas de rock pesado de finales de los 60 en el Reino Unido. Para nosotros no eran rivales.

So once Nick and I landed in LA, we started the 1966 section of the Kings of Oblivion Tour on our own. We looked for the side road where Neil spent his first nights in LA in Mort 2. We stood in awe in front of the Whisky (and the Roxy) on Sunset, checked out the Springfield house on Fountain and the International House of Pancakes, and even tried to work out which apartment house on Orchard Avenue might have been Commodore Gardens. We wound our way up Laurel Canyon to where Neil’s wooden cabin once stood. And, of course, we drove up to Skyline Trail, high above Topanga Canyon, trying our best not to disturb the latest owners of Neil’s vertically oriented redwood-clad house, while we searched for the tree nearby which he had leaned against on his second album cover.

Así que, una vez que Nick y yo aterrizamos en Los Ángeles, iniciamos nuestra particular etapa de 1966 de la gira de los Kings of Oblivion. Buscamos el apartadero donde Neil pasó sus primeras noches en LA en Mort 2. Nos quedamos asombrados ante el Whisky (y el Roxy) en Sunset, visitamos la casa de Springfield en Fountain y la International House of Pancakes, e incluso intentamos averiguar qué edificio de apartamentos en Orchard Avenue podría haber sido Commodore Gardens. Subimos por Laurel Canyon hasta el lugar donde se encontraba la cabaña de madera de Neil. Y, por supuesto, nos dirigimos a Skyline Trail, en lo alto de Topanga Canyon, haciendo todo lo posible por no molestar a los últimos propietarios de la casa de Neil, vivienda vertical y revestida de secuoya, mientras buscábamos el árbol cercano en el que se había apoyado en la portada de su segundo álbum.

We had to apply a small measure of chronological license when we jumped briefly to 1975 and traced the path at the end of Sea Level Drive which leads down to the beach at Zuma. Neil’s house is no longer there, but we could sense where it had stood and the horizon it looked out on. There’s some part of me that wanted to see all that too. But why? We sat on the same rocks which Neil must have sat on many times. Perhaps we were thinking weirdly that just a few of his atomic particles had survived the countless high tides and ocean storms, and that we could somehow assume them into our own being just by running our hands over the stone. Perhaps we hoped intuitively to understand what inspired him to do great things, to write and play such amazing music. All are reasons I cannot fully explain. And maybe, as Bowie says in the song, it was just stalking time for the Bewlay Brothers, the Moonboys, the Kings of Oblivion.

Tuvimos que aplicar una pequeña licencia cronológica cuando saltamos brevemente a 1975 y recorrimos el camino al final de Sea Level Drive que lleva a la playa de Zuma. La casa de Neil ya no está allí, pero pudimos intuir el lugar en el que se encontraba y el panorama que desde ella se divisaba. Una parte de mí también quería ver todo eso. Pero, ¿por qué? Nos sentamos en las mismas rocas en las que Neil debió haberse sentado muchas veces. Tal vez pensábamos extrañamente que sólo unas pocas de sus partículas atómicas habían sobrevivido a las innumerables mareas altas y tormentas oceánicas, y que de alguna manera podíamos incorporarlas a nuestro propio ser con sólo pasar las manos por la piedra. Tal vez esperábamos comprender intuitivamente lo que le inspiraba a hacer grandes cosas, a escribir y tocar una música tan increíble. Todas son razones que no puedo explicar del todo. Y tal vez, como dice Bowie en la canción, era el momento de actuar para a los Bewlay Brothers, los Moonboys o los Kings of Oblivion.

By the time Chris arrived we were just about ready to move on, so we did, via Big Sur, Santa Cruz and Half Moon Bay. There are too many memories to fit in here, including the vision I saw in a crowded, hazy bar in Cayucos. But we were ultimately hell bent on getting to Neil’s Graceland.

Cuando Chris se nos unió, estuvimos más que listos para seguir adelante, y así lo hicimos, pasando por Big Sur, Santa Cruz y Half Moon Bay. Hay demasiados momentos para incluirlos aquí, incluyendo la visión que tuve en un bar abarrotado y nebuloso en Cayucos. Y, obviamente, estábamos empeñados en llegar al Graceland de Neil.

Broken Arrow Ranch has always had a mythical quality for me. It is the stuff dreams are made on. Only more recently have I seen pictures of what the main house looks like. It wasn’t at all as I expected. Somehow, I wish I had left it all in my imagination. If it is hidden away, as it is, then I should not need to know what it really looks and feels and sounds like. But of course I do, and I did then. It is my Graceland, and there was that part of me that, if I couldn’t see it, at least I could see the same hills and trees, smell the same scents in the air, feel the same wind, hear the same birds, and maybe even the last eternally fading echoes of “Words.”

El rancho Broken Arrow siempre ha tenido un carácter mítico para mí. Es el material del que están hechos los sueños. Hace muy poco que he visto fotos de la casa principal. No era en absoluto como esperaba. En cierto modo, me hubiera gustado haberlo dejado todo tal como lo imaginaba. Si tan escondido está, como es el caso, no debería necesitar saber cómo es, cómo se percibe y cómo suena realmente. Pero por supuesto que lo necesito, y hasta allí fui. Es mi Graceland, y había una parte de mí que, si no podía verla, al menos podría ver las mismas colinas y árboles, oler los mismos aromas en el aire, sentir el mismo viento, oír los mismos pájaros, y hasta incluso el eco del eterno fundido final de "Words".

Here again we feared disturbing anybody, so we did not stand at the gate for long. A nice lady stopped as she drove in to ask if she could help us. I am sure she didn’t really have to ask, and I felt a little ashamed at having been caught there. Anyway, I could never have explained the real reason to her in a single sentence, so I mumbled something about a pilgrimage. The real reason has mostly to do with pure undying respect. This slightly goofy Canadian teenager from a broken home with an interesting taste for colourful woolly jumpers, playing for less than peanuts in a windy lakeside bar miles from anywhere really worth being at, this stoned out folk singer rapping a little nervously to a tiny audience who basically had no inkling of what they were witnessing the beginnings of, burnt with a flame so bright that it was unstoppable. And for me, in 1970, lying on the carpet with my head right underneath my schoolfriend Chris Clode’s excellent stereogram cabinet to get the best stereo effect and bass tones available to me at the time, in a house in a dull London suburb literally a stone’s throw from Bowie’s own dull suburban family home, which he had already fled to embark on his own unstoppable journey, the flame jumped via silver spaceships and overhanging trees from simple spinning black vinyl to my beating, yearning teenage heart. The sound of bullwhips crackin’ set me on fire. There was no turning back.

También aquí temíamos molestar a alguien, así que no nos quedamos mucho tiempo en la puerta. Una amable señora se detuvo al entrar para preguntar si podía ayudarnos. Estoy seguro de que no tenía por qué preguntar, y me sentí un poco avergonzado por haber sido sorprendido allí. Además, no pude explicarle la verdadera razón en una sola frase, así que murmuré algo sobre una peregrinación. La verdadera razón tiene que ver sobre todo con el puro respeto imperecedero. Ese adolescente canadiense, un tanto estrafalario, procedente de un hogar desestructurado y con una curiosa afición por los jerseís de lana de colores, que tocaba por un puñado de cacahuetes en un bar ventoso a orillas del lago, a kilómetros de cualquier lugar en el que realmente mereciera la pena estar, ese cantante de folk colocado que rapeaba un poco nervioso ante un público reducido que básicamente no tenía ni idea de que estaba presenciando sus inicios, ardía con una llama tan brillante que era imparable. Y para mí, en 1970, tumbado en la alfombra con la cabeza justo debajo del excelente equipo estereofónico de mi amigo del colegio Chris Clode para conseguir el mejor efecto estereofónico y los mejores graves posbiles para mí en aquel momento, en una casa de un insulso suburbio londinense literalmente a un tiro de piedra de la aburrida casa familiar suburbana de Bowie, de la que ya había huido para embarcarse en su propio viaje imparable, la llama saltó a través de naves espaciales plateadas y árboles colgantes desde el simple vinilo negro que giraba hasta mi palpitante y anhelante corazón adolescente. El sonido de los restallidos del latigo de cuero trenzado me hizo vibrar. No había vuelta atrás.

About me:
As the story explains, I first got totally hooked on Neil listening to an import copy of After the Gold Rush in 1970, but of course I knew him already from Déjà Vu. My first live show was one of the legendary Hammersmith Odeon performances in 1976. I don’t know to this day how or why I missed him in 1973 and 1974. I certainly wasn’t studying too hard! No internet I guess. Lots of water under the bridge since then. Today I live in Germany and run the Neil Young Unreleased Facebook group.
A propósito de mí:
Como explica la historia, la primera vez que me enganché totalmente a Neil fue escuchando una copia de importación de After the Gold Rush en 1970, pero por supuesto ya lo conocía por Déjà Vu. Mi primer concierto en vivo fue una de las legendarias actuaciones en el Hammersmith Odeon en 1976. A día de hoy no sé cómo o por qué me lo perdí en 1973 y 1974. Desde luego, no estaba muy por la labor. Supongo que no había Internet. Ha llovido mucho desde entonces. Hoy vivo en Alemania y administro el grupo de facebook Neil Young Unreleased.

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