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20 septiembre, 2008

Stephen Stills en el Olympia de París

Casi de incógnito si no fuera quién es.
Así hubiera pasado este concierto de Mr. Stills, dada la fecha y que la prensa solo se ocupa de aquello que remueve el bussines.
Porque este concierto será algo íntimo y especial, algo como solo en el Olympia puede hacerse.


Las entradas pueden comprarse en varías taquillas virtuales (como por ejemplo ésta).

Recuerda. Stephen Stills a las 19.30 del día 5 de Octubre de 2008 en el Olympia de París.

03 abril, 2008

VINE. Sigue su ruta

Hoy me ha llegado el concierto de París, casi ha entrado él sólo en el reproductor. Todavía estoy viéndolo ahora. Prepárate Alberto, ya va en dirección a tu casa!!
Qué decir, el sonido es impresionante y las imágenes logran trasmitir la emoción como si hubiera estado allí.
Gracias Antonio!!

20 marzo, 2008

En Febrero, Neil Young y la Playa están en París (5ª y última parte)

Cuando vi que Neil cogía con sus propias manos la Gibson, la Old Black, y le daba unos toques con la palma de la mano a las cuerdas, me llegó un sonido familiar. Mis sentidos, después de la sesión mágica anterior, estaban afinados y tensos. Antes de que sonaran esos ranran, ranranran, ranran ranran ranran, yo ya sabía que ahora llegaría Mr. Soul. Y supongo que un puñado de gente también, porque con la música se abrió la compuerta y más que palmas, sonó un grito desgarrador. Ahora ya me lo podía creer. El rock está ya aquí. Una imagen de Neil moviéndose al compás de la música en el centro del escenario, no mentía.


Hubo un momento de silencio suspendido en el ánimo de todo el teatro y en un instante, como flotando, empezamos a oír el “Don’t Cry...” tan familiar desde que lo puso en el Zuma de 1975. Mis pies me pedían acción.

Un nuevo cambio de guitarra mientras una figura vestida de rojo le daba el cambio a un lienzo. Le tocaba el turno a la nueva obra, su Chrome Dreams II estaba allí. Ben se había puesto al teclado y ya sonaba Dirty Old Man. Un segundo de silencio, nuevo cambio de cuadro y Spirit Road volaba hasta mí. ¡Como me gusta esta canción! Desde butacas, más de uno gritaba ¡Rock’n’Roll! Que corto se me hizo el riff final de guitarra, pero que bien sonó. Solo me chocó un poco ver a Ben estático en el escenario, tan opuesto a un Neil saltarín y activo frente a él. Los años pesan, aunque la maestría se mantiene.
Ya la gente no se aguanta. Hay gritos, silbidos, aplausos y me pareció oír hasta un ¡guapo!.

La temperatura ha subido. Nuevo cambio de guitarra. Fuera algunas luces y comienza a sonar el ritmo pausado de Bad Fog Of Loneliness. Junto a la voz en falsete de Neil, el tono country del tema se acentúa con los sones de la steel de Ben.

Su final da paso a la presentación de los miembros del grupo por parte de Neil. Le escucho decir:
— “... steel guitar... 1970... Nashville... Harvest... Ben Keith”
— “... electric bass... 1986... Blue Note... Rick Rosas”
— “... drums... 1960 ¿o 1860?... Ralph Molina” Gritos, aplausos, reverencia de Neil a Ralph, una locura...

Y casi sin darme cuenta, otro tema del pasado. Winterlong estaba sonando en mis narices. ¡Que maravilla! Hay canciones que penetran en ti y hacen salir algo que yo no sé muy bien qué es, pero que es agradable. Esta es una de ellas para mí.

¡Oh la la! De nuevo la Martin de Hank. Un momento de tranquilidad, Molina marca el ritmo de “Oh Lonesone Me“ mientras Neil relaja al personal con este tema. ¡Mmmmm!

Y casi sin parar, cose este viejo tema con uno de la nueva cosecha: The Believer empieza a sonar. Una balada que hace que todos descansemos y recuperemos fuerzas para lo que vino después. Por detrás del escenario han aparecido Pegi Young y Anthony Crawford, que se sienta al piano.

Un corto aplauso y se escucha bajito la voz de Neil: “one, two, three...” La Old Black ruge de nuevo. El ritmo dulzón de “No Hidde Path” comienza su viaje. ¡OMG! (esto queda más fino que lo que yo pensé en ese momento) ¡Yeaaaaaaah!


Que bien suena Oldblacky cuando Neil hace música. Son esos momentos mágicos en los se mueve como poseído por el centro del escenario, atraído por el foco de luz como si fuera un sol en miniatura, saltando al lado de Ben o Rick para confundir sus sonidos, o abstraído en sus cuerdas, sacándole sonidos casi improvisados, como salpicaduras de un pintor, pero que conforman una obra que te estremece.
Y de vez en cuando el ritmo pegadizo marcado por un casi invisible Ralph, como el de un animal que corre a cámara lenta alrededor tuyo
Poco a poco se va construyendo la espiral. Te va envolviendo cada vez más hasta que formas parte de ella, confundiéndote con la propia música.
¡Dios! Esto no es normal. La gente ya no se aguanta. Terminamos todos de pie, bailando, gritando... el teatro era una ola, rugiendo al compás.
A mí se me ha olvidado que estoy grabando el concierto y me levanto como el que más. Creo que lo tengo todo controlado, pero cuando me siento y voy a ver como va la cosa, mi mano no encuentra el minidisc en su sitio. Ni al lado, ni debajo, ni... ¿dónde se ha metido? Menos mal que el micro lo tengo pillado en la ropa con su pinza. Sigo su cable que baja, baja, baja... hasta los pies. Allí, entre mis zapatos, encuentro rodando el cacharillo que, afortunadamente, no ha dejado de grabar. Lo subo con cuidado como el que sube un cubo de un pozo y allí está el tío machote. Grabando como un loco y sin daño aparente a pesar de los pisotones. ¡Que concierto!

La gente sigue aplaudiendo. Todos sabemos que esto aun no se ha acabado e insistimos con ganas. Neil y la peña no se hacen de rogar demasiado, solo 3 o 4 minutos de griterío, y salen poco a poco.
¿Qué tendrá pensado ahora? Ayer fue Cinnamon y Hurricane. ¿Hoy...?

Cinnamon Girl. Bien. Un clásico. “I wanna live / with a cinnamon girl / I could be happy / the rest of my life / with a cinnamon girl”. ¡Qué maravilla!
Los aplausos arrancan un ”Merci beaucoup” de boca de Neil que alegra a los franceses presentes.

Pero... ¿Qué pasa? Anthony Crawford y Pegi que han hecho los coros hasta ahora, cogen unas guitarras. Neil da un descanso a la Gibson en manos de Larry, que la pone a punto de nuevo. Ben se marcha tras el “pollito pirata” que ha bajado de las nubes.


De pronto, Neil se vuelve a calzar la Oldblacky, suena un ran,ran,ran,ran y aquello no era ya un teatro. Con los primeros compases de RITFW suena el grito más desgarrador de la noche. La gente baila, canta, salta, grita... una locura. El himno está servido. Neil ya no es una persona, es un huracán. Sus manos se agitan sobre las cuerdas como si tuvieran vida propia y lo sonidos se confunden en mis oídos como si todos quisieran entrar a la vez. Son unos minutos, pero voy a toda pastilla.
Por fin, Neil cambia el compás y como si todo obedeciera a su mano, las notas finales comienzan a rodar mezcladas con nuestros gritos y aplausos. Unos golpes de Ralph y las baquetas saltan por los aires. Los músicos sueltan sus instrumentos y se abrazan por los hombros, una reverencia y... ¡esto se acaba!


La gente seguimos aplaudiendo. Nos cuesta desengancharnos. No queremos desengancharnos.

Cuando ya lo damos todo por perdido, aparece un personaje vestido a la turca, con turbante incluido. Muy serio y tieso, se coloca a la derecha del escenario. Le traen un gran gong. Mientras, él nos mira con los brazos cruzados. Lo aporrea, la gente grita más y Neil aparece de nuevo en escena con gafas de sol. Un par de campanadas después, suena Sultán, ese temazo de 1963, de cuando Neil iba al colegio, pero que los arreglos han hecho de él algo nuevo y que me gustado desde el primer momento que lo oí. Gracias.


Y ahora sí. Las luces y una musiquilla de fondo nos dice que vayamos despertando, que vayamos emprendiendo el camino de la calle, que esto se ha acabado de verdad.

Bueno, aun queda la despedida. Salimos a la calle y doblamos hacia la puerta de artistas. Un ratito de espera y de charla con los amigos y Neil sale con cara de satisfecho. Hoy hay más gente, pero nos apartamos respetuosamente de su camino.


Nada de darle la vara. Pegi va delante suya camino del autobús. Se sube y como si de una excusión se tratara, le largan un bocata de... ¿?... algo que no le hace poner buena cara. En fin, más vale despedirse hasta el próximo concierto.

Nuestras niñas, Cata y Mamen, vienen con la misma sonrisa de ayer. No solo han vuelto a entrar (¡gratis! Por supuesto ¡qué pensabas!), sino que se han encontrado a Molina y han echado un ratito de charla con él. Son únicas. Merecen un monumento.


Casi no se ha ido el humo del autobús y ya entra un gran camión. La acera está ya totalmente ocupada por cacharros. Mejor nos vamos a hablar a otro lado.


Frente al teatro hemos quedado con nuestros amigos de LGO. Vamos a tomarnos una cervecita y a poner otra vez las neuronas en su sitio. Mañana tenemos que reconciliarnos con París, que lo tenemos casi olvidado. Y pasado... a casita.

01 marzo, 2008

En Febrero, Neil Young y la Playa están en París (4ª parte)

Pero el concierto no había hecho más que empezar.
Aun no me había repuesto del viaje a mi propio “más allá” cuando de nuevo llegaban a mis oídos unos nuevos acordes. Unos rasgueos de guitarra seguidos de unos quejidos de armónica me estaban anunciando que “Sad Movies” estaba volando por la sala. No es que sea precisamente una de mis preferidas, pero es que a mí, las películas tristes también me hacen llorar y ahora, esta descarada canción que nunca ha tenido el honor de ser grabada en un disco, me lo estaba recordando.




A Neil pareció cansarle ese ritmo primitivo. Suelta la guitarra y la armónica, se levanta, rodea el circulo de instrumentos y se dirige al piano. Como si estuviera solo, sus dedos arrancan unas notas del órgano eléctrico medio camuflado sobre él y antes de que se agoten esos sonidos, sus dedos golpean ya las teclas del piano y extraen de él los sonidos familiares de “A Man Need A Maid”. Durante unos minutos, el espíritu de Carrie flotó por la sala.




Termina, Neil se levanta y se dirige hacia las guitarras de nuevo, pero por un momento duda, regresa al piano... ¡no! ¿se marcha? No. Se para al su costado, toca algo que cuelga de él, se vuelve lentamente y regresa por sus pasos hasta el centro del escenario, toca alguna cosa y se dirige lentamente otra vez hacia el piano, le da un par de palmaditas y se sienta otra vez ante él.
Esta vez, son las notas tristes de “No One Seems To Know” las que salen de sus teclas. Esta pequeña canción también es una desconocida para los estudios de grabación, por eso es un placer estar presente en la sala: Once I was in love / Now, it seems that time...
Casi no me da tiempo a cerrar los ojos y los aplausos me sacan de mi sueño.




Cariño, la puerta está abierta / hacia mi corazón y yo estoy esperando...
Las notas alegres de “Try” empiezan a sonar una tras otras. Parece que Neil nos quiere regalar una noche de inéditos: Me gustaría correr una aventura / pero mierda, Mary, no puedo bailar...
Por un momento me parece estar en un salón del viejo Oeste escuchando a un tipo con sobrero de hongo tocar ante una pianola.




Mientras suenan los aplausos, Neil se sitúa dentro del círculo de guitarras y parece dudar o esperar algo, pero no, toma una de ellas, la conecta y después de un traguito, empieza a sacarles las notas de “Harvest”. Algunos pretenden seguir el compás con palmas, pero suenan tan mal que casi rompen el encanto. Afortunadamente no insisten mucho.
¿Cuántas veces habré escuchado esta canción? Cientos, seguro. Pues... aun me suena fresca como el primer día. Es increíble.




Ya lanzado, salta aun más hacia el pasado y nos recuerda sus primeros discos con “After The Goldrush”. Está sentado en el piano alto situado a la izquierda del escenario. Sin prisas, con dominio de la situación. Ya sabía que nos había ganado. ¿Cómo es posible que un piano y una armónica puedan parecer toda una orquesta?




Ya no fueron aplausos a secas, sino gritos, silbidos... tantos que se ve obligado a saludar con la mano antes de volver a su asiento central.
Toma el banjo y “Mellow My Mind” asciende y corre por entre nosotros:

Cariño aplaca mi mente.
Hazme sentir como un
alumno en su buena época.
Manejando “nickels” y “dimes”.
Satisfecho con el
pez del hilo.

Los recuerdos de uno de los duros, “Tonight’s The Night”, chirrían con lo que mis sentidos perciben. Lo que en su día sonó desgarrador, ahora se ha dulcificado y suena amigable. ¿A que se debe esa magia?




Lo que le sigue es otro viaje al pasado, a los tiempos de “On The Beach”. De nuevo, la guitarra de Hank sale a escena y de sus cuerdas comienza a salir otro de los temas inéditos, sacados a la luz en este tour desde la prehistoria, desde los comienzos de CSNY y el propio Neil allá en los 70, y que rara vez ha sido interpretado en público hasta esta gira : “Love Art Blues”:

Mis canciones son todas tan largas
y mis palabras son todas tan tristes.
¿Por qué debo escoger
entre las mejores cosas que siempre tuve?




A pesar de las advertencias, alguno, de vez en cuando, seguía pidiendo tal o cual canción. Neil salía de la situación con comentarios simpáticos. Ahora no iba a ser menos.
Sin embargo, el programa seguía adelante. Ahora le tocaba el turno a The Needle And The Damage Done, ese recuerdo a su compañero de Crazy Horse Danny Whitten, muerto por sobredosis en 1973:

Te cogí llamando a la puerta de mi sótano
Te quiero, nena ¿puedes darme más?
Ooh, Ooh, el daño hecho.

Di con la ciudad y perdí mi banda
Vi que la aguja se llevaba a otro hombre
Se ha ido, se ha ido, el daño hecho.

Canto esta canción porque amo al hombre
Se que alguno de vosotros no lo entenderá
Sangre de leche para mantenerme a flote.

He visto la aguja y el daño hecho
Una pequeña parte de cada uno
Pero cada ‘yonquie’ es como un ocaso.




Cuando llegó el siguiente tema, ya todos estábamos lanzados. Con los primeros acordes de Heart Of Gold se escucharon aplausos, gritos, silbidos, palmas... hasta que esa música siguió haciendo estragos en nuestras mentes y poco a poco nos fuimos metiendo en nuestro interior. Como si se estuviera produciendo algo mágico el teatro se convirtió en un solo ser que respiraba al unísono, si es que lo hacía, porque no se oía ni el murmullo de nuestras propias respiraciones. O, por lo menos, desde yo estaba no se oían. Y Neil lo notó, porque fue la única ocasión que se levantó al terminar, juntó sus manos y se inclinó a modo de saludo, luego volvió a saludar agitando una mano como despedida y se alejó del escenario.





El griterío se hizo ensordecedor. Una voz en inglés y francés nos trajo al mundo real de nuevo y nos dio 25 minutos de libertad.
Yo no me podía mover del asiento, te lo prometo. Era mi primer acústico de Neil y no podía entender cómo había podido pasar todo mi vida sin vivir esto antes. Hablé un poco, creo, con Jordi y, no estoy seguro, si saludé de lejos a Xisco y Antonia que estaban un poco más adelante. El caso es que las ideas corrían por mi cabeza más deprisa de lo habitual y cuando quise darme cuenta, el tiempo había pasado y las luces se apagaban de nuevo.

28 febrero, 2008

Nueva crónica del concierto de París 15 Feb'08

Jueves, 14 de febrero, día de san Valentín para algunos, entre los cuales me cuento, y llegada al aeropuerto de Orly, París, a las 21:35. Por suerte no hubo problemas con la huelga de controladores, aunque para evitar complicaciones, mi mujer y yo llevábamos equipaje de mano. Ya al salir del aeropuerto para ir directos al hotel nos sorprendió el tremendo frío que hacía y, para colmo, el chofer nos dijo que la temperatura bajaría aún más, sobre todo durante la madrugada. Nada, todo es cuestión de abrigarse, al menos si quería llegar hasta Le Grand Rex para ver la salida del tío Neil y encontrarme con Antonio Casado (Alex Bossano) y con algún que otro playero más. Después de dejar las maletas en el hotel, directos a cenar. Mientras buscábamos un restaurante vi, al torcer la primera esquina del hotel, el teatro Le Grand Rex. Me preguntaba que tema estaría interpretando en aquellos instantes, y si el concierto del día siguiente sería calcado a éste; incluso pensaba si me habría equivocado de día, y si hubiera sido mejor comprar las entradas para asistir al primer concierto… Supongo que todo se debió a la ilusión de estar ahí, en el concierto, en aquel mismo instante, pero… Ya veríamos mañana.

Después de cenar en el Wagon Station, paseando por los alrededores, y dirigiéndonos de Place de l’Opera hacia Le grand Rex por Bd. Montmatre, nos cruzamos con algunas personas que llevaban en las manos carteles del concierto de Neil Young, mientras que otras algunas camisetas estampadas o, libros de ruta del tour y productos de merchandising, que se supone que está a la venta para los asistentes. Bueno, era evidente que el concierto había acabado. Miro mi móvil para saber la hora, eran ya las 00:40 a.m., y estaba seguro que Antonio (Alex) estaría ahí, cámara a punto y rotulador en mano para la firma de algún que otro LP (¿será el de ‘On the beach’, ‘Comes a time’,…?).
Llegando a Le Grand Rex desde la esquina de Rue du Sentier ya vimos a un grupo de personas que estaban agolpadas en una puerta lateral del teatro, estaban esperando a Neil Young. En primera fila estaba Antonio; ahí, como no, al pie del cañón, aguantando el frío y aguardando la salida del tío Neil, y entre sus manos el LP ‘On The beach’. ¡Ahí va un auténtico playero!, con razón es el artífice del blogger, ‘de nuestro blogger’ como dice él. En eso, entre saludos y abrazos, presentaciones y besos, sale el tío Neil, (claro, como yo ya he llegado), pero hace un amago y se retira de nuevo al interior. Supongo que, cansado después del concierto no está el horno para bollos, ni para firmas y menos para sonrisas. Un minuto después salió con un semblante bastante serio en contraste con el de Pegi que lo hizo con aire risueño, a la vez que intentaba acortarle el camino hasta el autobús que estaba aparcado delante de la salida.
Los rusties de turno, entre los cuales nos encontramos los playeros y playeras del blogger, nos resignamos a escuchar los comentarios del concierto, los temas que Neil y su banda habían interpretado, los acústicos y los eléctricos, los bises y los silencios. Total, un concierto de fábula que nos hizo desear que fuera ya la hora del siguiente.

Viernes, 15 de febrero y todo a punto para el segundo concierto de Neil en Le Grand Rex. Tal como acordamos la noche anterior, nuestra cita era a las 13:00 delante del teatro. Ahí, púes, nos encontramos con Antonio, Sergi, Kiko y, Carlos con su novia. De la manera que relata Antonio en el blogger, nos fuimos a comer a ‘Le Loir dans la Theirere’, -excelente sitio- y, entre platos y bebidas nos pusimos al día sobre el concierto de la noche anterior, puesto que Sergi y Kiko estuvieron allí, e igualmente repetirían hoy. Nos preguntábamos qué canciones variarían en su repertorio, si repetiría ‘Like a hurricane’, o interpretaría ‘Cortez The killer’. Ya veríamos. Lo cierto es que por mucho que quisiéramos, antes del inicio del concierto, una voz por megafonía te informa que además de no permitirse hacer fotografías tampoco podían pedirse temas, ya que Neil viene con un repertorio establecido y no está sujeto a variaciones. A lo mejor con unos cuantos aplausos, acompañados de silbidos de los que te dejan medio sordo, más 'oee-oeoeoe-oe-oe…', Neil y su banda podrían hacer un tercer ‘encore’, ya que dábamos por hecho que harían dos. Y, continuando con nuestras andanzas, charlas y sorbos, salimos del restaurante en dirección a Delaville Café, para encontrarnos con los rusties franceses, Les Gentes Ordinaries (leer el relato de Antonio).

Estamos en la cola para poder entrar a Le Grand Rex Theatre. Todo muy rápido. Antonio delante de nosotros, y yo cerciorándome de que llevaba las entradas. A medida que nuestro entusiasmo iba en aumento me sentía como un niño al que los reyes magos le traen los regalos a los pies de 'montañas de azúcar'. Entramos, y una vez que el portero nos devolvió la mitad de la entrada (ya se sabe, es para la posteridad) nos sumergimos en la sala. Pasamos de la acomodadora, ésta se quedó sin propina. La sala está a oscuras y en el escenario se encontraba Pegi, guitarra en mano, acompañada por Rick Rosas, Ben Keith y Anthony Crawford, interpretando su primer tema. Nos acomodamos en nuestras butacas (1L 34, 1L 32), con muy buena visión (es decir sin cabezones delante) y no muy lejos del escenario (más o menos a 20 m.) Si antes de entrar era como un niño, en estos instantes me sentía como un mago, los hemos conseguido, hemos llegado, estamos sentados y escuchando a Pegi, que nos ofrece unos entremeses suculentos con cierto aroma de Nashville, es decir, un country-folk con mucha naturalidad. Estuvo en el escenario durante casi cuarenta minutos, interpretando nueve temas que seguramente pertenecerían a su último y único trabajo editado. Al terminar, veinte minutos de descanso para preparar la puesta en escena y los instrumentos de Neil y su banda.
Perfecto, aprovecho para dar una vuelta, unas cuantas fotos (una de ellas de Larry Cragg afinando las guitarras), dos abrazos con los rusties de Le Gens Ordinaries, y como no, algunas impresiones con Antonio.




Empieza el concierto, aparece Neil, con un traje claro y camisa manchada de pintura, detrás de un gran lienzo. Un saludo de rigor en francés y empieza a acariciar su guitarra… ‘From Hank to Hendrix’: “…Me oigo a mí mismo cantando / como un viejo amigo perdido / lo mismo que te hace vivir / puede matarte al final…”. Le sigue una ovación y un silencio lleno de emociones van creciendo a medida que da paso a ‘Ambulance blues’ y Sad movie (make my cry)’. A continuación ‘A man needs a maid’, muy emotiva con un Neil al piano bastante intimista dejando aflorar algunas notas de blues mientras nos cantaba: mi vida está cambiando de tantas maneras / que ya no sé en quién más confiar / hay una sombra corriendo por mis días / como un mendigo que va de puerta en puerta”. Creo que en ese momento estaba flotando…, y la canción continuaba “para dar amor, has de vivir un amor / para dar amor, has de ser 'parte de'. / ¿Cuándo volveré a verte de nuevo?”. Los aplausos resonaron. Los silbidos se apaciguaron al oír los primeros acordes de nuevo al piano con el tema ‘No one seems to know’, tan calmada como la anterior.
Sí, Neil nos insiste al piano con otro tema inédito; ‘Try’, pieza que ha interpretado en algunos conciertos durante su gira anterior en USA. Esto va en serio, es el turno de ‘Harvest’ y luego de ‘After the gold rush’, pero antes de sentarse al piano juega con las cuerdas de sus guitarras: “Soñé que veía llegar caballeros con armaduras / contando algo sobre la reina, / había campesinos cantando, / tambores resonando / y un arquero partía un árbol, / había una fanfarria tocando hacia el sol / que flotaba en la brisa. / Mira a la Madre Naturaleza huyendo / en los años setenta…”
Acaba la canción… Pero yo continuo cantando “Well, I dreamed I saw the silver / space ships flying / in the yellow haze of the sun…” Me interrumpe ‘Mellow my mind’ con un Neil al banjo. A continuación, ya a la guitarra con su armónica, ‘Love art blues’, y la clásica ‘The needle and the damage done’, y por supuesto, ‘Heart of gold’ que cierra la primera parte del concierto. Espléndido, un Neil Young muy sincero, sin pretensiones y demostrando que a pesar de los años sigue buscando su corazón de oro a través de la música.
Otros 20 minutos de descanso, se agradece para poder aterrizar y prepararte para la descarga de adrenalina que se avecina. Mientras los operarios preparan el escenario aprovecho para echar un vistazo al merchandising… Comienza la segunda parte, eléctrica, con la descarga de ‘Mr. Soul’, recuerdos de Crazy Horse y no tanto de Buffalo Springfield. Estamos a cien, y con la siguiente me veo arrastrado entre las garras de Zuma. Es el turno de ‘Don’t cry no tears’: “No llores lágrimas a mi alrededor, / no llores lágrimas a mi alrededor / porque aun cuando ya no quede más agua / el sentimiento perdura…”
Le sigue, de su nuevo disco Chrome dreams II, ‘Dirty old man’, rock en estado puro directo a tus entrañas. Y, sin acabar de recuperarte, Neil vuelve a destrozarte con la hiriente ‘Spirit road’, y al fondo Pegi y Anthony Crawford a los coros. Una pausa, un suspiro, pues es turno de ‘Bad Fog Of Loneliness’, pieza inédita hasta su edición en los archivos NYA 'Live at Massey Hall 1971'. Al terminar hay un pequeño diálogo con el público y, la presentación de la banda da paso a la magnífica ‘Winterlong’; sí..., ya puedo irme tranquilo pues la ha interpretado: “Te esperé todo el invierno / Pareces ser de donde pertenezco. / Sin embargo todo es una ilusión. / Si las cosas siempre han de acabar mal / Y todo nuestro amor no existe, / No será fácil ese día. / Esperando continuar / A través de la luz de ensueño de tu camino / No será tan fácil para mí, ahora. / La mitad del tiempo ha pasado / Cosas que pensábamos ayer / Regresan ahora, regresan ahora.” Joder, estoy en otra dimensión, un Neil perfecto. ¿Qué puede hacer uno cuando ya está al límite del infinito? ¡Pues cantar! “I waited for you, Winterlong / You seem to be where I belong. / It's all illusion anyway…
Es hora de regresar, de reflexionar y moldear tus sentimientos con el viejo tema de casi cuarenta años atrás, ‘Oh, Lonesome Me’. Y a pesar de todo, suena tan cálido… “Debe haber alguna manera / de poder librarme de estas tristezas de soledad, / de olvidar el pasado, y conocer a alguien de nuevo, / he pensado en todo desde la A a la Z, / Oh, pobre de mí.
Ahí va, regresamos al presente con ‘The believer’, perfectamente ejecutado, con Anthony Crawford esta vez al piano, y Pegi a los coros. Se avecina el último tema, ‘No Hidden Path’. Son diecisiete minutos que, a medida que trascurren, se va cargando el ambiente de una intensidad electrizante. Un Neil frenético, magistralmente brutal que va hiriendo nuestras cabezas a golpe de acordes hipnóticos. Deseaba escuchar ‘Down by the river’, pero sería tremendamente injusto quitarle méritos a esta versión salvaje. ¿Quién puede ofrecer más?



Se acaba, esto se acaba y nadie desea que llegue este momento. Los aplausos y los silbidos se desatan totalmente. Nadie quiere que termine…, nadie. Neil se apiada de nosotros y nos ofrece a su chica de canela, ‘Cinnamon girl’. El delirio no nos lo quita ni la benzodiacepina ni el droperidol juntos. Y sin más preámbulos nos golpea con su mordaz crítica social ‘Rockin’ in the free world’, esta vez con todo el auditorio en pie, emocionado. Ya está. Neil y su banda se retiran, la ovación es apoteósica. Neil vuelve a ceder, en el escenario aparece un sultán con un gong…. ¡Ostras! Va a tocar ‘Sultan’, un tema del 63, y pensar que aun me faltaban dos años para nacer. Un Neil con gafas de sol que con este tema me recordó a los Shadows...


Esta vez sí. Se terminó, sin ‘Cortez the killer’, ni ‘Like a hurricane’, ni otras tantas que nos hubieran gustado a todos, pero con la convicción de haber pasado una noche irrepetible. Intentando afianzar en mi mente todas las piezas que Neil Young nos ofreció abandonamos la sala con una sensación de haber estado en otra dimensión a través de dos puertas estelares, una acústica y la otra electrizante. Me quedo con este recuerdo.

Merci beacoup.

23 febrero, 2008

En Febrero, Neil Young y la Playa están en París (3ª parte)

Las luces ya se están apagando (puntual de c...) y los acomodadores trabajan a tope. Por suerte nuestros asientos no están lejos de la puerta y después de comprender que la propina es obligatoria, estamos alojados en unos amplios butacones, cómodos y calentitos.

Cerca de mí ha caído Jordi, el responsable de San Free Bird (y que ya tiene su crónica en al red, no te la pierdas). Unas presentaciones rápidas que esto empieza y nos avisa que él es en el fondo un sentimental y que la música del Tío Neil le llega. Da gusto estás rodeado de gente tan maja. Lástima que fuera todo tan rápido.

En fin, casi no me da tiempo a quitarme el chaquetón, cuando en el escenario suenan ya los primeros compases de Pegi Young (¡joder que prisa!). Total entre una cosa y otra, ni he podido sacar el grabador del bolsillo, así que me concentro en la música.



Pegi está acompañada por Ben Keith, Rick Rossas y Anthony Crawford. Ella está en pie en el centro del grupo, peinada y vestida al estilo de los 50. Y una a una va interpretando todas (creo) las canciones de su disco.
No quiero entrar demasiado en la idoneidad o no del set de Pegi. Hay quien lo ha criticado. Bueno, opiniones son opiniones y todos tenemos derecho a tenerlas. Personalmente pienso que lo hizo bien (la banda que lleva es de 1ª división) y las canciones que tiene... pues bueno, hicieron buen papel. Pusieron el contrapunto a lo que vino después y dieron una nota fresca a la noche. Sin duda, una hoguera y un bosque serían mejor escenario, pero como telonera de Neil hizo un papel muy digno y con seriedad.

Menos mal que una voz anunció unos minutillos de descanso y se encendieron las luces.
Yo me colgué mi “mesa de grabación” y salí disparado hacia delante. Los rusties franceses y nosotros llenamos en un momento toda la parte delantera. Allí estaba Denis con su pancarta, así que aproveché para fotografiarlo en toda su salsa, esta vez con Xisco.


Desde allí, el primero que me saludó fue el jefe indio que acompaña siempre a Neil. Estaba situado a la derecha del escenario, junto a un caballete de pintor. Al principio no caí, pero luego me acordé de aquella noticia en la que un pintor, Eric Johnson, había hecho una serie de pinturas alusivas a los temas del nuevo disco y que eran vendidas a beneficio de la Bridge School de Pegi. Y efectivamente. Allí estaba Eric, disfrazado del Red Evil de Greendale, preparando su atrezzo al fondo del escenario.

Un poco más a la izquierda está el piano grande, pintado como lo ves. Y suspendido ya en el techo del teatro, está ya el “pajarito”, el teclado pequeño disfrazado de ¿paloma?, que se hace imprescindible a la hora de tocar el LAH.

En el centro de todo aquel follón está el “trono” del Tío Neil. El círculo de guitarras que tan bien conocemos de otros conciertos y cuya visión ya empieza a borrar todos los inconvenientes sufridos hasta llegar a este sitio. Tres a su izquierda, dos y un banjo a su derecha, una detrás...

En el centro de esa plaza, un micro (medido al centímetro), una silla y una mesita con una jarra blanca y una botella térmica azul, supongo que con alguna bebida isotónica. Muy sana si, pero luego Neil se trajo su cervecita a la fiesta. Aunque pudiera ser que la usara solo para pisar los papeles ;-))

Y un momento antes de empezar, la figura conocida de Larry Cragg ocupó el sitio y supervisó una a una todas las piezas, dándome la oportunidad de tomarle algunas fotos para ti.

Un murmullo. Se apagan las luces y visto y no visto, estamos ya todos en nuestros asientos. Con los nervios, la gente empieza a hacer palmas impacientes, y a los pocos segundo aparece alguien cruzando la escena llevando un gran lienzo vacío. Al pasar junto a la silla del centro, el hombre y el lienzo continúan la marcha, pero dos piernas permanecen estáticas. Cuando el puñetero lienzo pasa, nos damos cuenta que Neil ha venido escondido detrás. La primera gran ovación y Neil responde con un “Merci beaucoup”. Trae puesto el uniforme del Continental Tour: un traje claro manchado de pintura de varios colores y una camisa blanca.

Esta foto es de Gudi. Espero que no le importe

Coge una guitarra, se coloca su armónica, sentimos el chasquido del jack penetrar en la guitarra y ya tenemos volando hacia nosotros los primeros acordes de la noche. El esperado “From Hank To Hendrix” está ya aquí. El silencio del público se hace espeso. Hasta donde yo estoy me llega un sonido claro y limpio. La voz suena bien. Clara y con fuerza. Ya tenía yo ganas de oírlo en casa. ¡Que cansado estaba de la gira americana con sus grititos y ruidos! Por fin.

Cuando menos me lo espero, una ovación con ganas y... ya suena algo que yo esperaba:

Back in the old folky days / The air was magic when we played...

El ritmo de su mano va sacando poco a poco las notas de una de mis preferidas. Y lo hace de una forma tan natural...

...The riverboat was rocking / in the rain / Midnight was the time / for the raid...

No puedo describir aquí todo lo que siento en estos momentos. Mi cabeza está en otro sitio...

Oh, Isabela, proud Isabela,...

En mí se están mezclando olores antiguos, visiones lejanas, sonidos pasados... que yo creía ya perdidos...

And there ain't nothing / like a friend / Who can tell you /

you're just pissing / in the wind.

...recuerdos lejanos...

...Cause I know it ain't me / and hope it isn't you.

...y un grito que parece una ola interrumpe mis pensamientos. Miro a mi alrededor y la gente aplaude con fuerza. La canción ha acabado y yo estoy de vuelta al teatro.

Pero no leas más estas tonterías. Dale al play, cierra los ojos y disfruta

(seguirá la historia)

22 febrero, 2008

En Febrero, Neil Young y la Playa están en París (2ª parte)

Hoy es 15, el gran día.
Esta mañana voy a darme un paseo. Hay que estar relajado que el día va a ser largo. La verdad es que París es bonito para pasear, así que esta mañana voy a hacer el vago por estas calles.

A la una de la tarde hemos quedado en la puerta del Grand Rex. Aprieto el paso que ya es hora y a lo lejos distingo a Xisco y Antonia, su esposa, y un poco más lejos creo ver a Sergi acompañado de Kiko.
Sergi es el responsable de Gomit1 (quién por cierto ya ha subido una primera parte de su crónica parisina) y Kiko es el amo de My Back Pages, donde también puedes leer otra crónica de los conciertos. Cuando estamos con los saludos, aparece una pareja de Zaragoza, Carlos es un nuevo playero y ha venido con su novia al concierto.


Después de un ratito de charla, decidimos atravesar el barrio judío hacia un sitio donde puedan darnos de comer. Recalamos en un sitio llamado “Le Loir dans la Theirere”, un sitio con personalidad, muy a la francesa, y donde por supuesto ya era casi tarde para comer. En fin, después de pedir lo que quiso ese camarero, al menos nos recuperamos con unas botellitas de vino tinto y, ahora eso sí, nos desquitamos con los postres (¡Anda que no! ¿Eh Kiko y Sergi?)


Ya más repuestitos (jeje) decidimos regresar hacia el lugar de encuentro con Les Gens Ordinaries, un café llamado Delaville.
Allí estaban todos reunidos. Denis, Rusty Words para los amigos, a la cabeza con una pancarta que estaba dispuesto a enarbolar delante del propio Neil.


Al otro lado Momo, una persona simpática, ataviada también con un sombrero con aires vaqueros. También Xavier, español afincado en Francia hace un montón de años y que nos salvó la vida haciendo de traductor-intérprete. En fin un buen montón de nuevos amigos.




Allí se nos unió Juan Carlos, nuestro rockero de Murcia que, al igual que Sergi y Kiko, venía dispuesto el tío a cargarse su segundo concierto. Y lo consiguió, ya lo creo.



También apareció por allí Alberto, junto a otros amigos (Ismael, Cristina y Emy). Alberto es un intérprete fuera de serie de los temas del propio Neil Young; tiene su propio Myspace (el Blog del Rustie Castúo) y ya tiene un par de discos de covers. Deberías oírlo.


Y allí echamos un agradable rato de charla todos nosotros, escuchando algunos acordes para ir entrando en calor


Pero todo se acaba. Y mientras nuestros amigos galos van a cenar, los hispanos decidimos que es nuestra hora de café, bollos y relax. La cena es para la noche.

Y a las ocho y pico... todos a la cola. La fila es grande, pero corre, así que al rato ya estoy dentro. En mi bolso (y repartido por mis bolsillos) llevo las máquinas de foto y el grabador, con su control y micro externos, varios minidisc, pilas de repuesto... El seguridad de la puerta me mira (yo pongo cara de haberme bajado del burro un minuto antes) y me pregunta si llevo “foto”, “vídeo”... pero antes de que termine la frase, mi acompañante que está al quite le mete la entrada por la cara como si fuera un abanico y pregunta:

— ¿Tú eres el de la entrada? ¿Tú eres el de la entrada? (jeje)

El buen mozo se distrae una décima de segundo, que es lo que yo necesito para colarme hasta dentro del todo, la cola corre y ¡Voila! ¡Que empiece la función!


(seguirá la historia)

21 febrero, 2008

Más fotos de París

Estas han salido de la máquina de Gudi.

http://picasaweb.google.com/musicgudi/NeilYoungGrandRex?pli=1


Fotos de los rusties en París

Nuestros amigos franceses de Les Gens Ordinaries tienen un par de álbumes de fotos sobre la fiesta que organizaron el día 15 y a la que fuimos invitados. Pertenecen a Soplineil, Twilight y el tercero a Momo, una persona la mar de simpática (sombrero y camisa de cuadros).
En ellas podrás ver también a algunos de los playeros que estuvimos por allí.
La persona con sombrero y camiseta negra que sostiene la pancarta es Denis "Rusty Words", que hizo las veces de anfitrión.

http://www.flickr.com/photos/23896114@N02/

http://picasaweb.google.fr/EMFCTwilight/LGOFest15February2008

http://www.flickr.com/photos/momo53/sets/72157603921177857/

Aprovecho para mandarles desde aquí un saludo a todos y darles las gracias por su amigable acogida.

20 febrero, 2008

En Febrero, Neil Young y la Playa están en París (1ª parte)

Ya estoy en París. Llegué ya de noche, con un frío que se te pueden caer las orejas, pero ¿quién se priva de dar un paseo por delante del Gran Rex? No he deshecho ni la maleta y ya estoy pateando estos boulevares. El teatro es impresionante, pero el cartel no es nada del otro mundo. En fin, espero que lo bueno esté dentro.

El teatro tiene una pinta magnífica, repito. Hace esquina y sus dos fachadas están llenas de puertas, pero no es difícil localizar la entrada de artistas, situada en la avenida principal, muy cerca de un Starbucks Café. Je, je. Tiene unas enormes letras rosa fosforito en un lateral. No disimulan.

También los lugares de reunión escogidos por nuestros colegas de Les Gens Ordinaries, los rusties franceses, están cerca. En la otra parte de la calle y separados entre ellos no más de 80 o 90 metros, veo el Delaville Cafe y el Indiana. No será difícil llegar allí, no.
Es tarde. Me esperan dos días de infarto y hace demasiado frío para hacer el ganso por la calle. Au demain Rex.

Por la mañana me doy un paseo de nuevo por delante del teatro. Está en el mismo sitio y entero, menos mal.
En su puerta hay movimiento, aunque solo ha llegado el equipo encargado de montar el escenario, sonido, luces y demás. Un enorme camión está descargando cajas en la acera.

Sobre las cajas hay etiquetas con nombre conocidos. Simplemente esa visión te produce ya cierta emoción de lo que se acerca: CSNY, Neil Young, Greendale...


Bueno, me voy a ver París. Aquí no hago nada, solo estorbar. ¡Vamos! Los impresionistas me esperan.
Después de comer, ya es otra cosa. Delante de la fachada del teatro hay dos enormes autobuses grises, de esos preparados para las giras musicales, con las ventanas traseras oscurecidas. Mas tarde llegó otro más. Se supone que Neil Young ya está ensayando, pero no lo puedo comprobar. Un seguridad con cara de tener poca correa no te deja ni pisar el escalón. Bueno, es temprano, hace frío y el olorcito a café del Starbucks es tentador, así que me pillo una butaca en primera fila, me pido un muffin y un café calentito y me dispongo a esperar. No tengo prisas.

Empiezan a aparecer más locos como yo. Un tipo con un portafolio (supongo que lleno de LPs), un chico alto con el pelo largo, dos chicas con unas flores (¿de plástico? vaya, vaya)... pero de Neil ni noticias. Paciencia.


Yo me asomo de vez en cuando, pero el frío es terrible y allí no se ve a nadie. Algunos de los fans han desaparecido, supongo que habrán ido a descongelarse un poco.
Ya han aparecido los reventas. Ellos no venden, sino que compran, je, je ¡Como son! Me enrollo con uno de ellos y me asegura que puedo conseguir una entrada por 500 eurillos de nada ¡Casi me entran ganas de vender la mía! Aunque hubiera hecho el primo, porque al día siguiente el precio subió entre 600 y 1000 euros la entrada. Si lo sé antes invierto en Neil; es más rentable que la bolsa.



Por fin, a eso de las siete, se nota cierto movimiento en la puerta. Me asomo y casi me choco con Ralph Molina. Me hace gracia estar delante de un 33% de Crazy Horse y verlo de cuerpo entero, acostumbrado como estoy a ver solo una cabeza y dos brazos flotando sobre la batería. Le saludo y nos hacemos una fotito juntos, de recuerdo. ¡Dios! Este tío es el responsable de la percusión de Crazy Horse y lo tengo delante, al alcance de la mano. ¡No me lo puedo creer!


Al rato, aparece Rick Rosas en mangas de camisa (y yo arrecío, maldita sea el frío). Le pido una fotos para el blog y me pide la dirección de la página, así que nada, ya tenemos un playero más (espero que se la pase al Jefe ;-) Es un tío majo de verdad.


Llega la hora y el concierto empieza, así que me dedico a pasear por París hasta las 12:30, que es la hora en que me han asegurado que terminará.

01. From Hank To Hendrix
02. Ambulance Blues
03. Sad Movies
04. A Man Needs A Maid
05. No One Seems To Know
06. Harvest
07. Journey Through The Past
08. Mellow My Mind
09. Love Art Blues
10. Don't Let It Bring You Down
11. Cowgirl In The Sand
12. Out On The Weekend
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13. Mr. Soul
14. Don’t Cry No Tears
15. Dirty Old Man
16. Spirit Road
17. Bad Fog Of Loneliness
18. Winterlong
19. Oh, Lonesome Me
20. The Believer
21. No Hidden Path
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22. Cinnamon Girl
23. Like A Hurricane

A esa hora ya estoy en la puerta. Por ella salen los últimos compases de LAH y me arrepiento por centésima vez de no haber comprado la entrada de hoy. Vaya.
Casi de las primeras en salir, veo a las dos chicas de la flor que vienen con una sonrisa de oreja a oreja. La flor no se la han podido dar a Neil, pero ellas han visto el concierto desde casi la primera fila y ¡sin tener entradas! ¿Crees que exagero? Mira las caras de las condenás; se llaman Mamen y Cata, riojana y colombiana respectivamente. Y con arte de sobra como para revender (y eso no es todo, mañana vendrá la segunda parte de su historia).

Al momento se une al grupo Juan Carlos, un fan murciano, rockero convencido y playero confeso, con entradas para los dos días. Viene totalmente en volandas. En su cabeza debe todavía retumbar los acordes del concierto y no está para tonterías. Se marcha el tío para disfrutar a solas de la experiencia. Lo confieso, aunque no le he dicho nada, mientras se aleja me quedo mirándolo con cierta envidia. Aquí lo tienes con su pelo largo y su cara de satisfacción.



En la puerta, cada vez hay más gente. En total seremos ya unos veinte o así. El de los discos ya ha sacado su material (Comes A Time y algunos más que no logro distinguir). Yo estoy contra la pared de la entrada haciéndome el remolón.

Alguien me llama desde fuera y reconozco a mi colega Xisco. Casi acaba de bajarse del avión y ya está aquí Tiene mérito.
Estamos saludándonos cuando empiezan a salir algunas personas. Sale Anthony Crawford, sale Larry Cragg, sale Ben Keith (emoción), sale Ralph Molina (más emoción), sale Rick Rosas (ahora sí que es emocionante), se pierden en dirección a los autobuses, se oye un revuelo y aparece el Tío Neil con su gorra extraña, seguido de Pegi. Se para, mira al personal y ¡Oh! Decepción, decide no salir. Huye hacia dentro otra vez. Nos quedamos todos con caras de panolis, sin creérnoslo del todo. Yo, que estoy bastante cerca oigo a Neil decir ¡NO, no! y observo la cara algo asustada / mosqueada de Pegi ¿Pensarán que los europeos somos peligrosos? Ya sé que Neil Young no es amigo de lo baños de masas, pero unas fotos y un par de frases... En fin, él verá.



Al momento sale alguien seguido de algunos de seguridad y pide que le abramos un pasillo hasta el primer autobús. Así lo hacemos y aunque alguno aun insiste, la mayoría nos limitamos a observarlos de pasar. Llega a su sillón, le sirven un tinto y se lo toma tan pancho. A descansar que mañana tiene que estar en forma.


Por esta noche ya es bastante. Me alejo del Rex entre contento y decepcionado. Vamos charlando Xisco y yo del tema cuando nos para una chica joven y su pareja. Se trata de Carmen, otra asidua playera que ha venido al concierto desde Barcelona. Simpatiquísimos. En un momento parece como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo. Con la emoción no tomamos ninguna fotografía, pero tranquilo que Carmen es una fotógrafa fuera de serie y nos ha mandado algunas de las suyas.


Lástima que no nos pudiéramos encontrar al día siguiente, aunque ya procuraré que no falte en nuestro Rust Fest próximo.
(seguirá la historia)